Los Irrelevantes: Historias de Inmigrantes Legales, Segunda Parte

Este artículo es la segunda entrega de una serie mensual de inmigrantes legales , ofrecida por TheBlaze.com y The Chris Salcedo Show.

“Otra vez no!”

Alison sintió la corazón destrozada. Ya varios años después de haber empezado el proceso migratorio, por segunda vez se había perdido su tarjeta de la residencia—perdido en el abismo del sistema.

Su experiencia empezó tal como tantos otros—conoció a alguien, se enamoró …con un Americano.

Como cualquiera pareja, hicieron planes—y soñaron de su familia y futuro. Pareció tan simple.

Pero pronto apareció la realidad.

Para el ex canadiense Alison W., serían cinco años largos, solitarios y siempre frustrantes desde el primer momento en que ella y su prometido comenzaron su proceso de inmigración, hasta que por fin pudieron respirar un suspiro de alivio con el toque de la carta de naturaleza puesto en las manos de Alison.

Debido a que ella era de Edmonton, Alberta Canadá, su historia casi siempre causa perplejidad.

“Pero eres canadiense!” siempre dicen, “No puede ser TAN difícil.”

“Toma asiento,” te dirá, “Es una historia muy larga.”

Escogieron la opción menos frustrante de las peticiones I-130 (o bueno, la que creyeron menos frustrante): Alison y su prometido optaron por casarse en los EUA e inmediatamente después solicitar su residencia permanente—y regresar a Canadá para trabajar y esperar juntos hasta que llegara la residencia.

Pero pronto sus planes comenzaron a fallar.

Su esposo no puedo trabajo, porque su empleador prospectivo no le pudo obtener un permiso de trabajo en Canadá. Semanas se convirtieron en meses de espera, y mientras tanto, él trabajó de manera voluntaria con un taller de bicicletas para pasar el tiempo mientras trabajaba Alison.

Ocho meses después, por fin llegaron noticias. El Servicio de Inmigración y Naturalización de los EUA (USCIS) no aprobará la residencia hasta que el esposo de Alison podía comprobar que él tenía las finanzas suficientes para poder mantener a Alison en los EUA.

Iban a tener que separarse justo después de haberse casado, y justito después de que Alison se enteró que estaba esperando su primer hijo.

Se despidieron sin saber cuando se iban a reunirse de nuevo. Quedaron completamente a la misericordia del sistema—esperando con toda fuerza que él pronto encontraría trabajo y que quedarían satisfechos los requisitos.

Durante un tiempo el cual hubieron estado planeando y celebrando juntos, Alison y su esposo se estaba despidiendo.

Y aunque su esposo pudo venir unos cuantos días para ver al nacimiento de su hijo y pasar con él y Alison sus primero días—su separación extendida les robó un sinnúmero de momentos preciosos junto con su hijo.

Pasaron unos meses más y con el sueldo de su esposo, Alison por fin fue dado una entrevista ante el consulado de los EUA en Montreal, Canadá.

Montreal—unas 2,500 millas de Edmonton—es el único consulado estadounidense que procesa visas de inmigración. Montreal también es la ubicación de dos de solo cuatro doctores en todo el país que puedan llevar a cabo el examen físico requerido, lo cual significaba que  Alison tendría que llegar una semana antes de su entrevista para la visa … y esperar.

Después de los costos de un boleto de avión, nuevo días de comida, y de estancia en un hotel—por fin se subió Alison a un camión con su bebe recién nacido atada a ella; sus toallitas, pañales y biberones metidas y una bolsa chiquita (lo único que podría traer con ella al consulado).

Se abrieron las puertas, y de inmediato ella fue abofeteada junto con la multitud; empujada fuera del camino mientras los otros trataron de estar en primera fila.

Gracias a Dios, su entrevista fue inmediata, y su aprobación fue rápida.

“Bienvenida a los Estados Unidos!” le dijo el oficial, sonriéndose.

Que alivio.

En poco tiempo, recibirá a visa temporal de entrada que dejaría que entrara a los EUA y después sería procesada (y enviada) su residencia.

Un año y media después de empezar el proceso, Alison empacó todo lo que tenía en su carro, y junto con su bebé, empezó el viaje largo de tres días de Alberta a Canadá.

Por fin, después de perder tantos momentos en su matrimonio y de ser papás, estarían juntos.

Fue incomparable la alegría que sintieron al saber que nunca más tendrían que estar separados.

De ahora y adelante, iba  ser simple la vida.

Después de todo, habían enfrentado a lo peor, y su tarjeta de residencia estaba en camino.

Sin embargo, el plazo de espera vino y se fue. A pesar de la las afirmaciones de USCIS que había sido enviada por correo, la tarjeta nunca llegó. A Alison le dijeron que una “solicitud de servicio no entrega” sería presentada, y que la tarjeta vendría dentro de otros 60 días.

Nunca llegó—obligando a  Alison a volver a presentar la aplicación de I-90 y pagar de nuevo la cuota de $450 … para un error que más tarde se descubrió que fue el de USCIS, cuando escribieron mal su código postal USCIS.

Luchando para comenzar sus vidas (con bebé recién nacido) en Colorado, $450 fue un precio alto. Pero habían quedado con las espaldas contra la pared.

En desesperación, se pusieron en contacto con sus senadores, quienes les avisaron que sí presentaran la aplicación, pero con un I-912 (petición para evitar la cuota) junto a ella.

Fue Mayo 2012, y para estas fechas, y habían sido dos años de cuando empezaron.

Otra vez, pasaron meses, hasta que por fin les llegó la notica de que había sido rechazada su aplicación.

Por qué?

Ya que una tarjeta ya había sido “supuestamente” enviada, no se podía mandar otra.

Para estas fechas, su estatus condicional como residente (con o sin tarjeta) estaba por vencer—y pronto tendría que presentar la aplicación para quitar las condiciones de su estatus. No tenía sentido perseguir su tarjeta original; necesitaría una nueva de todos modos.

Mil documentos después, mandaron la aplicación.

Y otra vez, pasaron las 6-8 semanas. Y otra vez, la tarjeta nunca llegó. Juró USCIS que sí había sido enviada; juró el servicio postal que había sido entregada.

Y en medio de un mar de tedio y frustración quedó Alison. Nadie tomaba responsabilidad. Nadie estaba interesada en ayudarla.

Con un sentido agonizante de invisibilidad, y con el nacimiento prematuro de su segundo hijo pesando a su corazón, ella se sintió completamente derrotada.

Legalmente tenía derecho de estar en el país—solo que no tenía manera de comprobarlo. Después de meses de conformidad total, no tenía ni un solo documento.

Y sería otro año largo y costoso antes de que Alison pudo respirar con tranquilidad. En le 8 de Julio 2015, ella se paró a lado de otros 40 Americanos nuevos y emocionados, mientras fueron dado la bienvenida como ciudadanos.

El proceso es descuidado. Las opciones realistas para ayuda en el camino son limitadas. El tratamiento de personas que cumplen con la ley como Alison como seres humanos es escaso. Y quizás lo más impactante: la actitud hacia las tarjetas de residencia perdidas es asombrosamente indiferente.

Alison, como tantos otros, ella era responsable para hacer el seguimiento de su proceso en este organismo caótico, y de los métodos que utilizan para enviar los documentos para los cuales ella había pagado con su dinero, su soledad y su trabajo.

Este proceso fue su vida entera por la duración de el—mientras tanto ella fue hecho a un lado (literalmente y figurativamente) una y otra vez.

Cuando nos van a importar las personas como Alison?

Vamos a contar sus historias.

2 thoughts on “Los Irrelevantes: Historias de Inmigrantes Legales, Segunda Parte

  1. Hi Mrs Ramirez, I too have a story to tell. I will give you short version. I am 56 years old and a U. S. Citizen. My mother was a born US Citizen born in 1925 in Kansas, her father had a opportunity to work for the railroad company through I believe the brasero program, I am not totally sure. The point I want to make is my mother and father choose to leave Zacatecas, the state in Mexico where their 8 children were born, to move to the border town of Tijuana Mexico. They made a choice to obey the law and rules of the country they lived in and the country they wanted to live in. I was the seventh child and I was 3 years old. I was without my mother one or two weeks and sometimes more, because my mother was the only one that could cross the border legally. She would work in hotel housekeeping, cleaner shops, in anything that was manual labor to make money for her family. Of course my father and older brothers would try to work in Tijuana in whatever was available. So it makes me angry to hear that illegals come to the United States illegally and feel because they have children born here they should automatically gives them the right for residency. They knew they were illegally crossing into this country illegally. They say well my children I have no one to leave them with, sure they do take them with you,they are your responsibility. Because I am Mexican I know my race is smarter than they lead on, and self sufficient. They become chess tokens and play dumb.

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