Los Irrelevantes: Historias de Inmigrantes Legales

(Author’s Note: This translation forms part of a series entitled “The Irrelevant Ones: Stories of Legal Immigrants,” appearing monthly as part of contributions to The Chris Salcedo Show on TheBlaze.)

 

Nunca  olvidaré como me sentí ese día de hace nueve años.

Mi esposo y yo éramos tan ingenuos cuando hicimos nuestros planes para regresar a los Estados Unidos. Honestamente pensábamos que sería bastante simple que mi prometido entrara a los EUA, quien había nacido en México.

Que ingenuos.

Fue decidido: yo me iré primero para volver a instalarme allá, mientras él buscaba trabajo desde México. Me subí a un avión un día de Julio de ese año, completamente segura que estaríamos juntos de nuevo en un par de semanas.

Semanas se convirtieron en meses, hasta que por fin (a finales de otoño) recibió una oferta de trabajo.

Por un día o dos, estábamos contentísimos.

Pero pronto, la realidad nos golpeó de nuevo.

Mi prometido me llamó para darme la noticia que  la oferta había sido revocada gracias a un gran malentendido: no entendían que la empresa tendría que patrocinar una visa de trabajo. Y gracias a eso—jamás debería de haber sido extendido la oferta.

Nunca olvidaré  ese día—quedó grabado en mi memoria. Me acuerdo perfectamente  como me paré de mi trabajo y fui con mi jefa para decirle que me iba a la casa.

Lloré durante todo el camino a la casa.

Nuestra luz al final del túnel que no existió. Tenía 20 años y apenitas entendía como funcionaba el mundo—y mucho menos como funcionaba el proceso SUPER complicado de la migración a Estados Unidos.

Y de repente, estábamos enfrentando el hecho de que ninguno sabía como íbamos a poder reunirnos legalmente en mi país.

Fue una sensación terrible.

Un tiempo después, un amigo nos conectó con un abogado de migración quien me informó que sí habían maneras de hacer llegar a mi prometido, pero que serían complicados, caros, y sin garantía de aprobación.

Opción 1: podríamos casarnos de inmediato y así él podría venir en seguida—pero en ese caso tardaría meses en llegar su permiso de trabajo, y ninguno de los dos teníamos los ahorros suficientes como para durar meses sin ingresos.

Opción 2: podríamos aplicar por una visa de prometido K1, la cual dejaría que entrara como mi prometido—siempre y cuando adelantáramos la boda, y así de inmediato recibiría un permiso de trabajo mientras esperaba su residencia.

La K1 tardaría hasta un ano para ser procesada—lo que cual significaba que estaríamos otros 12 meses separados.

Me hundí en el gran sillón de cuero, completamente vencida.

El abogado procedió a explicar todo el proceso miserable, el cual  podría haber manejado por un precio muy alto.

Me reí en silencio mientras pensé en el estado lamentable de mi cuenta bancaria. Bueno—lo tendría que hacer yo misma.

Y así que empezamos.

Hablábamos diario; “salíamos” por medio de rentar la misma película y verla al mismo tiempo con él allá y yo acá; nos mandamos paquetes y cartas.

Lloraba mucho.

Durante todo el proceso, no había nadie con quien podía hablar para ver como iban las cosas. Claro, podría llamar al número 800 que aparecía en el sitio de web de USCIS (Servicio de Aduana y Migración de los Estados Unidos), pero nunca llegaba más allá de un círculo sin fin de grabaciones

Después de un tiempo por fin encontramos unos blogs donde había comunidades de personas al igual que nosotros, y compartían tips de como llegar a una persona para poder investigar el estatus del proceso.

A veces funcionaba; a veces no.

La mayor parte del tiempo estuvimos en la oscuridad, sin ninguna garantía de que algo  estaba avanzando con el proceso, o más, aprobado.

Mientras tanto y como parte del proceso, mi prometido tuvo que ir al consulado estadounidense en un lugar llamado Ciudad Juárez—la cual, por los que no saben, antes fue la capital mundial del asesinato. La violación, el robo y el asalto también eran muy comunes.
Y considere esto: todo el mundo sabe que las personas que van al consulado van con dinero, lo cual los hace blancos fáciles.

Su cita era para las 7 de la mañana, y sin saberlo nosotros, yo pasaría todo un día entero sin saber dónde estaba, o si él estaba bien.

Por lo que sabía yo, él podría haber estado en problemas.

No—él estaba pasando por las alegrías de un examen médico de inmigración (como ganado) y esperando durante horas en una habitación llena de gente—viendo solicitante tras solicitante ser rechazado.

Afortunadamente para nosotros lo aprobaron ese día…y después de meses de trámites, declaraciones juradas, miles de dólares, y después de tanto tiempo separados—la carta de USCIS finalmente llegó.

Desafortunadamente para nosotros el proceso no terminó con eso—y no terminaría hasta dentro de varios años más.

Verán, no sabíamos que su permiso de trabajo caducaría antes de que su residencia llegara. Eso significó que él tenía que dejar su trabajo por cuatro meses terriblemente largos, mientras hundimos en deuda.

Verán, no sabíamos que cuando por fin llegó su residencia, fue solo provisional y que dentro de poco tiempo tendríamos que aplicar, pagar, y esperar … otra vez.

Sin embargo, nosotros fuimos los afortunados.

Teníamos a nuestras familias para darnos apoyo moral. Teníamos parientes quienes ayudaron a hacer bellas nuestra boda y luna de miel. Teníamos a  mi abuelo quien nos firmó una declaración, jurando que él nos ayudaría económicamente si lo necesitábamos, ya que mi esposo no podía legalmente solicitar apoyo del gobierno del estado o del país.

 

Hoy, venir a este país es algo platicado (por gente como Jorge Ramos) como un derecho humano. Peor aún, hay gente que cree que romper la ley para llegar aquí es también un derecho.

Como esposa de un inmigrante, te puedo decir que no es un derecho. Mi esposo tampoco piensa que lo es. Y aunque nos gustaría ver que el proceso de migración sea mejorado, es sumamente frustrante ver una y otra vez a los políticos elevando a los inmigrantes ilegales como héroes que merecen alabanzas.

Entonces, cuál es el intento de esta serie?

Relevancia.

Que tal si damos relevancia a las historias de personas quienes esperaron, trabajaron, estuvieron separados de sus seres queridos—todo para hacerlo de manera correcta.

Desde la gente que, como mi esposo y yo, ha pasado meses o años separados, hasta las personas aún soñando con venir acá—estas historias sí tienen relevancia.

A pesar de su inutilidad política para aquellas personas que deseen ganar votos o avanzar una agenda de fronteras abiertas, estas historias son relevantes. Y cada mes, traeré una a ustedes.

Por qué?

Porque estas historias nos recuerdan  celebrar los que respetan  la ley; porque nos recuerdan dar las gracias a las personas que hayan venido a este país de una forma respetuosa.

Porque, como he dicho en el pasado, hacer lo correcto requiere valor, y más cuando todo el mundo te está diciendo que no solo deberías de tomar el camino fácil—pero que mereces tomar ese camino.

Se requiere valor.

Vamos a contar sus historias.

 

 

 

 

 

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